Para el pueblo maya, la ceiba es el árbol sagrado por excelencia, este árbol legendario también llamado yaxché en lengua maya o tee´ceibo en lengua yokot´an, lo mismo se asocia con los orígenes de los antepasados indígenas, como con la morada de los dioses o el lugar predilecto para las apariciones de seres espectrales como duendes (yumka´en lengua yokot´an), xtabay o demonios.
Hoy en día, las ceibas prevalecen en muchos pueblos, camperías, o hasta en las mismas “ciudades modernas”, retando la contaminación, la deforestación y la poca importancia que las autoridades dan a este árbol de gran importancia cultural.
Según leyendas o mitos mayas, es la ceiba donde los dioses creadores dieron origen a la raza humana, de este árbol los frutos eran hombres que descendieron y poblaron la tierra, en otros casos, son cuatro árboles de ceiba que sostienen al mundo, pero para la cosmovisión yokot´an de Tabasco, los dioses creadores Ix Bolom, esposa de Kantepek, formaron al pueblo yokot´an bajo de una ceiba, donde con barro y masa de maíz, los dioses tabasqueños patronos crearon a la yoko ixik y el yoko yinik.
De acuerdo a las leyendas, hoy se sabe que bajo de grandes ceibas, los antiguos mayas realizaban ritos religiosos, ceremoniales o simplemente bajo su sombra se extendían mercados o tianguis indígenas, y es que con la llegada de los europeos, la ceiba continuo siendo admirada, temida y respetada por indígenas y mestizos, no así por el Hernán Cortes, que aconsejado por Jerónimo de Aguilar, profanó con su espada a la gran ceiba que se hallaba en Centla después de la derrota de los chontales de Tabasco en la lejana Batalla de Centla que confrontó a Mesoamérica con Europa el 25 de marzo de 1519.
Sin embargo, en el sureste mexicano, son pocas las ceibas que han sobrevivido y representan o representaron un patrimonio histórico o cultural, tal es el caso de la ceiba de Atasta en Villahermosa, que existió hasta noviembre de 2010, cuando fuertes vientos la derribaron y donde según la historia tabasqueña contaba que se entrevistaron Victorio V. Dueñas y el Capitán Eduardo González Arévalo durante la intervención franco traidora a Tabasco en julio de 1863.
Para finalizar, la ceiba, esa inspiración poética y romántica de Carlos Pellicer, tan solo se puede apreciar en un romanticismo total poético con el monumento llamado “Mujer Ceiba” del escultor tabasqueño, Ventura Marín Azcuaga, que moldeó la belleza femenina en una obra que engalana la emblemática laguna de las ilusiones en Villahermosa.
Por eso, es necesario que las autoridades locales, estatales y nacionales, se preocupen por proteger dichos árboles, arboles que en su momento fueron venerados, respetados y temidos por nuestros pueblos indígenas y que hoy toca a las nuevas generaciones, reconocer, valorar y respetar para devolverles su misticismo inmortal…su gloria perdida.




